¿Qué es la ideología de género?

Algunos lectores nos han escrito preguntando qué tenemos contra la ideología de género, piensan que tiene algo que ver con los derechos de la mujer... A continuación desvelamos lo que esconde.

 

¿Qué es la ideología de género?

La ideología de género engloba a un conjunto de teorías que niegan las diferencias entre hombre y mujer, las diferencias biológicas o sicológicas son una construcción artificial consecuencia de una educación al servicio de una sociedad que denominan “heteropatrialcal” y que es necesario superar en aras del progreso humano,  la liberación de la mujer y de los no-heterosexuales. El sexo es en realidad un "género" que se puede elegir y la complementariedad sexual carece de valor alguno, ni para las relaciones eróticas entre hombre y mujer, ni para la procreación (puesto que gracias a la ciencia los úteros ya se pueden alquilar e inseminar sin relaciones), ni para la estabilidad de la pareja (tan necesaria en el desarrollo emocional de los hijos).

Aunque la idea de que los heterosexuales y monógamos son unos reprimidos procede del zoólogo Alfred Kinsey en los años 50, la ideología de género se acuñó como tal a finales de los 60. Para demostrarla se educó en Canadá a dos gemelos varones educando como niña a uno que accidentalmente había perdido la funcionalidad de su pene en una operación quirúrgica; el éxito del experimento se publicó a los cuatro vientos en 1975 cuando los gemelos Reimer tenían 9 años pero se silenció cuando empezaron los problemas sicológicos en la adolescencia y cuando, ya adultos, uno murió por sobredosis y otro suicidado.

Su consagración oficial acaeció en la IV Conferencia Mundial de la ONU sobre la Mujer (Pekín, 1995) cuando “activistas de género” lograron un amplio apoyo internacional creyendo los delegados que votaban a favor de los derechos de la mujer. Para entonces ya habían logrado  extender en la sociedad el mito de que el sexo se puede cambiar con una operación quirúrgica que en realidad es puramente plástica (mutilaciones y reconstrucciones sin ninguna funcionalidad) y que no está estadísticamente demostrado que mejore la vida de quienes se someten a ella.

 

¿Quién lo defiende?

En la defensa de esta ideología el feminismo radical ha sido desplazado por el lobby LGTBI, que representa al homosexualismo, una pequeña parte del mundo homosexual pero fuertemente organizado en torno a agencias de la ONU y a millonarios fondos públicos conseguidos para la respetable defensa de la dignidad de las personas con orientación no heterosexual. La realidad es que dichos fondos son utilizados para objetivos políticos y conquistas jurídicas de esta ideología y para perseguir, silenciar, multar y penalizar cualquier opinión, publicación, iniciativa o grupo de personas contra sus postulados.

Como todas las ideologías totalitarias, (1) aprovecha el descontento o sufrimiento en un sector social, (2) les inculca que el culpable es otro sector social privilegiado, (3) se extiende sembrando el miedo estigmatizando a quienes no los apoye y (4) finalmente consigue que un amplio sector de la población acabe por renunciar a defender unos elementales cimientos antropológicos y evidencias científicas sin caer en la cuenta de sus consecuencias sobre la sociedad, la civilización, la familia, la infancia, la salud pública, etc.

 

Libertades y derechos quiero y para los demás no tengo

Entre las numerosas contradicciones de este lobby está defender que el heterosexual elija ser homosexual pero condenar, silenciar y negar ayuda a quienes libremente quieran elegir lo contrario. Defender que la heterosexualidad no es genética pero inventar un gen de la homosexualidad. Decir que el matrimonio o la familia son instituciones heterosexuales y reclamar el derecho a contraer matrimonio y a adoptar. Defender la libertad de difundir su ideología en los colegios y pedir su prohibición para los demás. Proyectar una imagen atractiva del estilo de vida homosexual que no se corresponde con la realidad, ocultando el sufrimiento sicológico y las graves consecuencias sobre la salud de quienes practican conductas de riesgo y despreciando a quienes optan por la castidad o por reorientar su sexualidad.

Su gran extensión cultural y política confunde y atemoriza a la sociedad al extremo de que el lobby LGTBI ya no se conforma con haber acallado en las conciencias el derecho de los niños a tener un padre y una madre, sino que presionan a los Gobiernos para que se  reconozcan el derecho de los niños a cambiar de sexo sin consentimiento de los padres, el alquiler de úteros para su inseminación, el derecho de los padres a elegir el género de sus hijos, perseguir cualquier ejercicio de libertad de expresión que contradiga sus postulados, que se retire la patria potestad a los padres que no compartan la ideología de género y así una lista de reivindicaciones que socavan la naturaleza humana y la sociedad democrática.

 

¿Qué podemos hacer quienes no estamos de acuerdo?

Hay que mantenerse firmes en la defensa de los principios que creamos mejores, formarse,  sentirse herederos y transmisores de una tradición y una antropología basadas en la Razón y la Ciencia, no dejarse vencer por el relativismo ni por la tibieza y no perder el respeto a quienes no piensen así. Quienes son padres deben educar a sus hijos en todo ello, también en la defensa de la dignidad de todas las personas, pues tan malo es hacerlos cobardes como reactivos. Tanto nuestra Constitución (art. 27.3) como la Declaración Universal de los Derechos Humanos (art.26.3) como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (art. 18.4) consagra el derecho a educar a los hijos conforme a nuestras propias convicciones morales.

Si no queremos que esta ideología totalitaria escriba una de tantas páginas negras en la Historia de la Humanidad hay que defender sin ambages la naturaleza humana sexuada, la importancia de la complementariedad sexual, el valor del compromiso entre hombre y mujer para formar familia, el derecho de los hijos a tener un padre y una madre y a ser gestados por quien va a ser su madre y los beneficios que todo lo antedicho tiene para la sociedad, perfectamente compatible con la defensa de la dignidad de cualquier persona independientemente de su orientación sexual.

 

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